Jornadas Internacionales de Economía Solidaria 2015

Programa de las Jornadas

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Jornadas2014En el transcurso del siglo XX, el modelo de distribución y comercialización de alimentos y de productos de todo tipo ha dado un giro de 180º con la aparición de un nuevo modelo de distribución comercial, que ha recibido el nombre de distribución moderna: supermercados, hipermercados, autoservicios… han ido sustituyendo los espacios de compra tradicional como el pequeño comercio, la tienda de barrio y el mercado.

La distribución moderna ha cambiado el dónde, el cómo y lo qué consumimos, poniendo nuestro consumo al servicio de la lógica del mercado y la maximización de sus beneficios. El modelo de consumo basado en la compra de productos locales y de temporada, se ha visto sustituido por un consumo de alimentos “deslocalizados”, tecnificados e industrializados bajo la lógica de consumir productos cuanto más baratos mejor, vengan de dónde vengan y se elaboren cómo se elaboren. Frutas y verduras maduradas en cuartos frigoríficos, alimentos que recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestra mesa… son la práctica habitual de este nuevo modelo de consumo y de distribución moderna.
Una producción que se basa en la lógica del máximo beneficio empresarial a expensas de la precarización de las condiciones laborales de los trabajadores y las trabajadoras, la mercantilización de la agricultura y la deslocalización de la producción, con el objetivo de abaratar costes y sobre explotar a una mano de obra más vulnerable y aprovecharse de una mayor permisividad medioambiental en los países del Sur. Una estrategia que parte del uso del marketing publicitario, para hacernos creer que consumimos aquello que vemos por la televisión, escondiéndonos lo que hay detrás la elaboración de un determinado producto y los ingredientes que contiene.
A la vez se trata de un modelo de comercialización oligopólico, que concentra su poder en pocas manos, y con un peso muy importante en la economía mundial. Se trata de un sector en crecimiento, a la conquista de nuevos mercados, especialmente en países del Sur, y en busca de nuevos sectores donde poder establecerse y aumentar sus beneficios. No en vano, la empresa más grande a nivel mundial el año 2005 fue la cadena de gran distribución al por menor, Wal-Mart.

Así las cosas, en los países ricos hay que reducir la producción y el consumo porque vivimos por encima de nuestras posibilidades, porque es urgente cortar emisiones que dañan peligrosamente el medio y porque empiezan a faltar materias primas vitales. Por detrás de esos imperativos despunta un problema central: el de los límites medioambientales y de recursos del planeta. Si es evidente que, en caso de que un individuo extraiga de su capital, y no de sus ingresos, la mayoría de los recursos que emplea, ello conducirá a la quiebra, parece sorprendente que no se emplee el mismo razonamiento a la hora de sopesar lo que las sociedades occidentales están haciendo con los recursos naturales. Para calibrar la hondura del problema, el mejor indicador es la huella ecológica, que mide la superficie del planeta, terrestre como marítima, que precisamos para mantener las actividades económicas. Si en 2004 esa huella lo era de 1,25 planetas Tierra, según muchos pronósticos alcanzará dos Tierras –si ello es imaginable– en 2050. La huella ecológica igualó la biocapacidad del planeta en torno a 1980, y se ha triplicado entre 1960 y 2003.

A buen seguro que no es suficiente, claro, con acometer reducciones en los niveles de producción y de consumo. Es preciso reorganizar nuestras sociedades sobre la base de otros valores que reclamen el triunfo de la vida social, del altruismo y de la redistribución de los recursos frente a la propiedad y al consumo ilimitado. Hay que reivindicar, en paralelo, el ocio frente al trabajo obsesivo, como hay que postular el reparto del trabajo, una vieja práctica sindical que, por desgracia, fue cayendo en el olvido. Otras exigencias ineludibles nos hablan de la necesidad de reducir las dimensiones de las infraestructuras productivas, administrativas y de transporte, y de primar lo local frente a lo global en un escenario marcado, en suma, por la sobriedad y la simplicidad voluntaria.

En estas las VIII Jornadas se pretende reflexionar sobre las implicaciones que el sistema económico y de consumo tiene en las sociedades actuales y cómo los principios de consumo de un país tienen serias consecuencias en la vida de millones de personas de otros países.

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